El valor estético del silencio cobra sentido cuando, visualmente se hace presente, y corta de tajo el ruido en el filme. Es aquella metáfora inversa que te deja valorar lo que tienes de cuando no hay nada…

En el cine, imagen y silencio iniciaron de la mano su andar. Y ésta relación se ha mantenido con el valor estético que le ha agregado cineastas como Silvio Caiozzi, Jaques Tourmeur, Mike Nichols, Victor Erice, Martin Scorsese, Igmar Bergman, José Luis Cuerda, entre otros, quienes ponen un particular interés por el silencio en todos sus filmes.

El silencio nos da concentración, introspección, memoria… Pero para llevarnos a ese estado, debe ante todo, producir tensión, incomodidad, sacarnos de ese estado “espectador” que somos cuando miramos un filme. Sólo así podemos reflexionar.

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La luna en el espejo – Silvio Caiozzi (1992)

El silencio por sí sólo no sirve de nada, debe decirnos algo, como cuando es acompañado de imágenes. Sin el silencio, una película o cualquier obra se convierte en algo ensordecedor, algo que se deja de escuchar.

Cuando el silencio se usa como un elemento narrativo, lleva al espectador a encontrar un significado especial en la trama, lo manipula para que él mismo pueda descifrarlo.

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Todo es Silencio – José Luis Cuerda (2012)

El silencio es tanto o igual de importante que el sonido en una película pues de su especial combinación, junto con las imágenes se puede enfatizar sobre los estados de ánimo de los personajes, enmarcar situaciones de angustia, de estrés o de pánico, de nostalgia, de reflexión, incluso de soledad.

Cuando se mira un filme es bueno valorar cada silencio, pues como todo material audiovisual, lleva una intención, un mensaje, es la connotación de algo intangible que sólo reluce cuando dicho silencio se hace presente.

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