David Lynch lanza en 2002 un filme de casi 50 minutos  dividido en actos como en el teatro y de hecho el largo plano que conforma la película, es como un teatro filmado, algo que en cine, no es muy elocuente.

Se presenta a tres conejos humanizados los cuales intercambian frases escuetas y prefabricadas, como en un show sin sentido y sin conexión a primera vista, en un cuarto pobremente decorado de forma premeditada claro. A manera de una puesta en escena realizan sus actuaciones.

La música juega un papel importante pues crea un ambiente demasiado oscuro junto con una iluminación rústica que proyecta contrastes con las sombras de los personajes. Es como ver una obra pictórica medieval pero llena de cotidianidad moderna. Con esa textura, llena de silencios, de sonidos incidentales como aplausos y risas enlatadas igual que en los shows de televisión.

Todo el tiempo hay ruidos extraños, y estridencias malévolas que generan tensión y expectación como el preámbulo de algo diabólico e inverosímil, que tiene como base un secreto oscuro que los conejos saben y que los atormenta.

En él retrata una imagen surrealista de la consciencia de estos tres personajes que se mezcla con el miedo y la culpa. Ellos saben, son cómplices, entre ellos se hacen la idea de que todo es normal, pero en el fondo, el secreto puede más quitándoles la tranquilidad.

Existe algo diabólico que se manifiesta en el cuarto cambiando la iluminación y se revela un ser que bien pudiera ser la representación de la locura o del mismo diablo que sabe de sus pecados y les atormenta con voces ilegibles.

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Nunca se sabe la relación real entre los conejos, la puesta en escena presupone que es una familia, el padre que llega de trabajar, la hija quien medita en el sillón y la madre que plancha hacendosa… como apelando a lo normal, lo cotidiano detrás de lo cual se esconde algo indecible, un horror, un crimen.

Nadie lo sabe, es sino al final cuando, se presenta el acto, el crimen que ellos han presenciado, o tal vez es el recuerdo que los persigue, la consciencia que por fin los encuentra y los encara de frente, a través de la puerta y les muestra ese oscuro secreto, que, al final, se empeñan en guardar.

O tal vez era el resultado de la premonición que los tres tenían sobre algo que sucedería y los carcomía por dentro, pero no sabían lo que era, hasta que se vuelven testigos y se suman en un desconsuelo final, abrazándose para mitigar el miedo…

Sin duda alguna es una propuesta interesante llena de significados, la cual no viene servida en bandeja de plata, viene envuelta en matices visuales, sonoros y sobre todo semióticos, que cada espectador tiene que interiorizar para poder descifrarlo o, al final, dejarlo ir.


Aquí puedes ver el filme de David Lynch: Rabbits

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